Artículos recientes

Personas en línea

En estos momentos hay 1 personas visitando "Andrea Coddou Méndez"

RSS

sexualidad, amor y deseo

Enviado por andreacoddou el 24/03/2008 a las 9:32

Amor y deseo

Columna publicada Revista Mujer Diario La Tercera

Mientras la mujer necesita abrazos y ternura para poder conectarse sexualmente, el hombre para poder conectarse amorosamente tiene que haber satisfecho su potente impulso sexual.

Catalina, una joven bonita, ojos gatunos, habla acelerada en la primera consulta. Dice: "en realidad, nuestro problema es la falta de regaloneo de Ignacio”. Ignacio, un hombre joven, también buenmozo, salta y dice: “no, en realidad nuestro problema es sexual. Cata no quiere tener sexo conmigo. Cada vez que me acerco, al parecer me equivoco (dice en tono irónico), terminamos discutiendo y, por supuesto, sin hacer el amor”. Catalina acota que “para Ignacio acercarse es tocarme sexualmente altiro, no hay posibilidad de abrazos, de acurruques. Es una lata”.

 Sin duda, esta problemática tiene que ver con la diferencia en la sexualidad femenina y masculina. La femenina tiene un mayor peso en la imaginación, lo táctil, la fantasía más “contextual”, mientras que la sexualidad masculina es marcadamente genital, con mayor estímulo visual, con fantasías acentuadamente sexuales-genitales. Y ambos con tiempos biológicos de excitación distintos.

 Un hombre de 50, atractivo y amoroso, sin la ansiedad de un jovencito pero con la misma problemática, nos explica a su pareja y a mí en una sesión: “miren, es como dormir todas las noches con un chocolate belga exquisito y que tengas que tenerlo en tu mano, tocarlo y ¡no te lo puedes comer!”. Las dos asentimos, entendiendo el punto.

Y así una podría entender una y otra vez la problemática de la mujer: que necesita abrazos, momentos de cercanía física no erótica y ternura para poder conectarse sexualmente. Y entender la problemática del hombre: que para poder desconectarse de su deseo imperioso de poseer sexualmente a su mujer (que tiene que ver con que su mujer le gusta muchísimo) tienen que alejarse, “mentalizarse” en otra cosa. Ellos, para poder conectarse amorosamente, acurrucar y acariciar el pelo, tienen que haber satisfecho su potente impulso sexual.  Es un círculo vicioso: mientras más frío él, menos deseos tiene ella de hacer el amor; mientras menos deseos de ella, menos posibilidad de él de cercanía no erotizada. Y así ad infinitum.

¿Qué hacer? Lo primero es entenderlo y saber que él no es un monstruo erotizado a quien lo único que le importa es el sexo y que no la “quiere” a ella; y que ella no es una mujer frígida a quien él no le resulta atractivo como hombre. Simplemente, resulta que los humanos, testarudamente, a pesar de nuestras enormes diferencias de género optamos por convivir, porque en la balanza la gratificación es infinitamente mayor que los desencuentros, pero eso no disminuye las diferencias entre hombres y mujeres, y una diferencia radical es la sexualidad.

El tener claro que nuestro problema es producto de nuestras diferencias y no de desamor, baja las ansiedades y nos permite buscar en conjunto caminos intermedios. Algunas parejas, por ejemplo, se dan espacio para conversar más ampliamente de su sexualidad y de conocer qué le gusta o conecta sexualmente a cada uno; otras, más concretamente, a tener encuentros de regaloneo y conversación, de encuentro amoroso no erótico fuera del dormitorio, para no exigirle al hombre un control excesivo de su deseo y para que la mujer, en el momento de la cercanía sexual, sienta satisfecha su cercanía emocional, que es lo que eventualmente activará su deseo.

sicología Por: Andrea Coddou M. Sicóloga sistémica, terapeuta de pareja y familia







Suscribirse a los comentarios de este artículo en RSS