La Fuerza de Lo Femenino...Joder!

Un amigo muy querido del viejo continente me hace un comentario hace unos dìas que me invita a la reflexión, “joder la fuerza femenina” ante la descripición de un día mío cualquiera…

Mi chico de 7 se enferma, duerme conmigo, tose sin parar, se ahoga y cruje por dos noches seguidas, dos noches en que la mamá lo mira, lo intenta aliviar y por supuesto se desvela las más de las veces. El segundo día él se despierta a las 2:00am con todo tipo de males, lo acompaño, sueno mocos y seco lágrimas después de mucho rato se duerme y yo desvelada converso por el chat con aquellos que están al otro lado de los mares porque nadie está despierto a esa hora. 6:30 logro dormirrne (con el alivio de que al otro día no tengo pacientes) 8:00 siento un ruidito cerca de mí y la inequívoca sensación de una mirada, parado al lado de la cama está mi hijo menor mirándome con una mirada de Snoopy en la esperanza que me despierte. Intento acurrucarme con él y al rato llega mi nana para decirme que el Jardinero hoy se va a las 11:00 porque tiene que hacer, me voy a acurrucar de nuevo cuando para mi espanto recuerdo que ayer había tenido un ataque primaveral. Ayer  de vuelta del doctor de los niños, decidí que a mi jardín le faltaba color, mis flores con tantas heladas estaban pasmadas, y llené el auto de plantas de todos los tamaños y colores. Me levanto en pijama, con las mechas paradas, para ubicar junto con Enrique, mi jardinero cómplice de jornadas al sol, las plantas en sus distintos lugares. Estando en eso me interrumpe una llamada de mi secretaria en que me dice que se les había olvidado avisarme que ese día tenían que estar la notas de los seminarios de los alumnos del magíster. Termino acelerada mi labor de flores y entro corriendo, con los pies aún embarrados me siento ante el pc para releer los dos seminarios que me toca corregir y mandar las notas finales y comentarios. Mientras corrijo, los dos niños revolotean a mi alrededor (están de vacaciones) pidiéndome que juegue metrópolis uno, el otro que lo acompañe afuera a escalar o a la casa del árbol, mi nana me pregunta qué vamos a hacer de almuerzo porque “no hay nada”,  yo trato de juntar dos neuronas para evaluar los seminarios y entre medio llamar a mi hermana (vecina) para ver si me salva con algo para el almuerzo. Y así mi día sigue donde paso de psicóloga, a mamá ,a dueña de , a psicóloga, a veterinaria (3 perros, 2 gatos y 4 pescados a nuestro haber) y pienso en la “fuerza de lo femenino”.

Joder!  No, nada de eso, nada de fuerza sino agote, agote puro.

A los hombres, creo les tranquiliza pensar de que es fuerza para no asumir las culpas. A las mujeres nos indexan con una capacidad femenina de hacer muchas cosas a la vez, y a los hombres con focalizarse en una a fondo, y pienso que sabios han sido ellos. Por años por imposición directa de fuerza y de poder pero hace mucho rato ya porque hay un complemento que lo permite. Los hombres pueden trabajar tranquilos, focalizados y desconectados absolutamente de los niños, no por ser mal padres sino porque tienen la certeza de que hay otro (habitualmente una otra) que va a estar con el celular encendido, que va a estar presente en la cercanía o distancia, organizando, queriendo y protegiendo. Incluso llevándolo al extremo, esos hombres separados que se desconectan mucho de sus hijos o algunos casi totalmente, no son unos desalmados sin vuelta, porque saben las más de las veces, que esos hijos van a estar protegidos y queridos. Otro tema es lo que ellos se pierden pero la desprotección con sus cachorros no es tal en la medida de que está la hembra protectora.

En esta envidia que me da esa posibilidad de hacer algo sólo focalizado en eso, con todo el tiempo del mundo, desde el trabajo hasta una reunión social, sin que la casa o los niños floten en el aire como un fantasma omnipresente reflexiono sobre qué me pasaría si tuviese la total tranquilidad de que hay un otro contenedor, con capacidad de decisión, con preocupación genuina y básica por mis niños y por mi casa, podría yo desconectarme del todo? La pregunta tiene que ver con que el espacio “femenino” me desborda, reconozco, no a honor, el estilo mama-gallina, y para mi sorpresa la respuesta salta con una fuerza abismante, sí. Sí, me podría desconectar absolutamente, en el trabajo, en una salida, en un viaje sin una pizca de preocupación o culpa y no sólo eso sino que sería una delicia.. Sin embargo, ante la posibilidad de elegir, hipotéticamente si pudiera haber estado en esta vida desde lo masculino o lo femenino en cuanto al espacio familiar, al de los hijos vuelvo a elegir una y mil veces el enorme privilegio, agotador privilegio de ser mamá. Sin perder de vista que pagaría oro porque los hombres de una vez por todas compartieran realmente, en todas sus dimensiones y sutilezas esta demandante tarea de criar.

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